Monday, January 11, 2010

Fue operada de cataratas una paciente de 111 años de edad

RIO GRANDE.- Carmen Ibarra Urrutia tiene 111 años y una salud casi envidiable. Cose, teje y hace casi todo por si misma. Su problema de cataratas, en uno de sus ojos, era su principal dificultad y el jueves fue operada por el doctor Alberto Sinópoli.
«Es una situación que a mí me moviliza, porque es la primera vez que opero a una persona de tanta edad, cuando la operamos la primera vez, también, era interesante porque ya tenía 105 años», contó el médico que en dos oportunidades intervino a Carmen.
Sinópoli relató que en el caso de su paciente más longeva «la catarata en si era bastante grande», porque con el tiempo se van depositando materiales sobre el cristalino que lo aumentan de tamaño. «En un momento cuando tenía abierto el ojo, pensaba por dónde voy a sacar esto porque sólo se puede abrir seis o siete milímetros. Al fin y al cabo la maniobra no fue tan difícil como yo pensaba, fue más el susto que lo que pasó», detalló.
La operación de cataratas es sencilla, pero en este caso no lo era tanto. «Cuando se saca una cataratas hay un par de
estructuras adentro muy delicadas que no hay que dañarlas, hay un par de membranas que si se rompen, después se complica todo el resto de la maniobra. Entonces manipular una pieza tan grande dentro de un espacio tan pequeño sin tocar lo que está alrededor no era fácil», señaló el oftalmólogo.
Sin embargo después de esa maniobra lo demás fue más fácil. «Yo pensaba que podía llegar a tener algún tipo de problemas con la respiración o algo así, pero ni se movió de principio a fin; se acostó, la operamos, se levantó y se fue, la paciente perfecta», destacó.
Ahora las expectativas comenzaron a cumplirse. Después de la revisación un día después de ser operada, Sinópoli dijo sobre Carmen que «ya el hecho de que vea una persona que está adelante es un montón, con ese ojo ella no veía nada, tanto no veía que yo no sabía si iba a ver después de operada, pero ya jugaba perdido por perdido. Y como con el otro ojo habíamos tenido una experiencia muy buena pensaba que este también tenía que andar. Con el otro ve bastante bien porque ella se desenvuelve», agregó.

Una larga historia
Lucía, una de las hijas de Carmen contó a El Sureño que «cuando el doctor la operó la primera vez ya hacía diez años que estaba ciega, la operaron de uno de los ojos y por algunos inconvenientes no se pudo hacer la segunda, dejamos pasar mucho tiempo y ahora Sinópoli nos dijo que teníamos que operarla porque podía llegar a tener algún contratiempo con el ojo y podría quedar ciega. Por eso me decidí si bien yo tenía un poquito de miedo por la edad de ella había que hacerlo».
Carmen es sin duda una paciente longeva: tiene 111 años, y el 30 de abril de este año cumple 112. Lucía cuenta que «ella fue mal anotada, en su documento figura que va a cumplir 102, pero la anotaron cuando tenía 10 años, murió una hermana de ella y bajaron de la montaña sus padres para hacer los trámites y ahí recién fue anotada». Madre e hija son nacidas en el norte de Chile, en una zona tropical entre las montañas.
Sobre la operación, Lucía relató que «por la edad de ella yo tenía un poco de miedo y el doctor me dijo que no era nada complicado, con anestesia local, fue muy bien todo. Nuestra expectativa es que recupere totalmente la visión, todavía es muy reciente, cuando la vea el doctor sabremos, pero queremos que recupere los dos ojos».
Carmen pasa su día tejiendo, cose también pero su fuerte es el tejido y puede pasar todo el día haciéndolo, es por ello que al ver con un solo ojo forzaba mucho su visión y para la familia y ella misma que recupere la vista de los dos «es una bendición».
«Estoy feliz por ella porque ahora si se recupera bien la vista va a poder también ver bien la televisión. Yo como hija sufría mucho porque estar sentada frente a ella comiendo y ver que a veces la cuchara no iba a la boca, fue una cosa que de un día para el otro hablé con el doctor y nos decidimos», añadió Lucía.
La salud de Carmen a los 111 años sería una envidia para muchos adultos, si bien escucha poco, su hija asegura que «ella está perfecto, no toma ningún medicamento, y para esta operación lo único que se le hizo fue un electrocardiograma que salió muy bien».
Además «tiene buen apetito, buen ánimo, para lo único que se la ayuda es a entrar a la bañera para bañarse, el resto lo hace sola. A veces con el pelo recién lavado que se le corre pide ayuda, pero sino se peina sola, todo sola», cuenta Lucía.
Y de hecho sus padres ya eran longevos, su mamá murió a los 117 años, y el papá a los 114. Vive en Río Grande desde hace diez años, pero estuvo viniendo desde el 87, año en el que se instalaron algunos de sus hijos en la provincia. «En ese año ella vino por primera vez, vino varias veces, pero siempre quería volver a su tierra. Esta última vez que vino, al principio comenzó con que quería regresar, y ahora le preguntás y solamente dice que quiere ir a pasear a Chile, adoptó este lugar como propio y quiere quedarse», relata su hija y asegura que próximamente viajarán nuevamente ambas al pueblo que la vio nacer hace ya 111 años.
En Argentina tiene muchos nietos, bisnietos y hasta siete tataranietos. «Tampoco sabemos cuántos son en realidad, en su pueblo hay familia que no conocemos, sólo algunos, por lo que no sabemos la cantidad que son».
Lucía cuida a su madre y dice emocionada que las charlas con ella son especiales. «Es lindo cuando ella lo cuenta, a veces se olvida, pero otras nos ponemos a charlar y le pregunto por el nombre de sus abuelos, de sus bisabuelos; me cuenta las historias de dónde vivía, cómo vivían y todo lo voy anotando».
Una de esas historias es que el padre de Carmen tenía la fecha de nacimiento de los hijos anotada en la corteza de un árbol para no olvidarse. «Cuando murió su hermanita, tuvieron que trasladarse si o sí dos pueblos más al sur para poder registrar su defunción y sepultarla, ahí ella fue anotada», recuerda.

«Es una situación que a mí me moviliza, porque es la primera vez que opero a una persona de tanta edad», dijo Sinópoli.

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